El escenario de las calles de la capital oaxaqueña se transformó el pasado fin de semana con la irrupción de una marcha Generación Z Oaxaca sin precedentes. No se trató de una protesta gremial o política tradicional, sino de un levantamiento espontáneo y masivo de jóvenes que han encontrado en la calle el único canal para expresar su hartazgo ante la omnipresente inseguridad. La frase que resonó desde el primer cuadro de la ciudad hasta el Zócalo fue contundente: “Queremos un México seguro”.
Este movimiento, articulado a través de plataformas digitales y convocado por ciudadanos comunes, representa un quiebre en la dinámica de la protesta social en Oaxaca. Lejos de las figuras políticas o las grandes centrales sindicales, la juventud actual está demostrando una capacidad de organización rápida y eficaz, impulsada por una agenda de supervivencia y derechos básicos. El mensaje central es que la violencia, los feminicidios, las desapariciones y la impunidad son barreras directas para el ejercicio pleno de su vida y sus aspiraciones.
La Seguridad como Derecho Generacional
La demanda de la marcha Generación Z Oaxaca trasciende la visión tradicional de la seguridad pública. Para esta generación, que ha crecido bajo la sombra de la llamada “guerra contra el narcotráfico” y la constante incertidumbre, la seguridad no es solo la ausencia de delito, sino una condición indispensable para el desarrollo.
Los participantes de la marcha señalaron en sus mantas y testimonios que el clima de inseguridad afecta directamente su capacidad de Estudiar, citando casos de asaltos a rutas de transporte y situaciones de acoso cerca de planteles educativos. De igual manera, se ve comprometida su capacidad para Emprender, dado el miedo generalizado a la extorsión o la inestabilidad económica regional. Finalmente, la inseguridad limita su posibilidad de Participar plenamente en la vida cívica y social, ya que se sienten desprotegidos e ignorados por las instituciones de justicia, minando la confianza en el Estado.
Este enfoque amplio convierte a la marcha Generación Z Oaxaca en un fenómeno digno de análisis. El movimiento no pide subsidios o cargos; exige justicia y paz, marcando un cambio de prioridades en la base social del estado.
El Reto de las Autoridades ante un Nuevo Actor Social
La respuesta de las autoridades oaxaqueñas a esta movilización es crucial. Dada su naturaleza descentralizada, la marcha Generación Z Oaxaca representa un desafío para el gobierno, que no puede dialogar con un solo interlocutor. Ignorar o minimizar esta voz es arriesgarse a profundizar la brecha de desconfianza entre el Estado y los ciudadanos más jóvenes.
Expertos en sociología y movimientos juveniles han destacado que la marcha Generación Z Oaxaca no es una moda, sino la manifestación de una generación que ha madurado en la desilusión y que utiliza las herramientas digitales para la acción directa y colectiva. El gobierno debe demostrar una voluntad real de escucha y articular respuestas intersectoriales que aborden la raíz de la inseguridad: la impunidad y la falta de oportunidades en el estado.
La clave está en cómo la administración estatal traduce el hartazgo y la energía de esta manifestación en políticas públicas concretas. Esto incluye la reforma de los sistemas de justicia local para garantizar la no repetición de crímenes, el fortalecimiento de los protocolos de búsqueda de personas desaparecidas y la creación de mecanismos transparentes de participación ciudadana para la juventud.
La presión ejercida por la marcha Generación Z Oaxaca mantendrá el tema de la seguridad en el tope de la agenda pública en las próximas semanas. El futuro de la entidad, con su enorme potencial cultural y económico, dependerá de si las instituciones logran estar a la altura de la demanda de paz y dignidad expresada por su juventud.