En un movimiento que sorprendió a los observadores internacionales y a las cancillerías de todo el mundo, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, tomó la iniciativa de establecer una llamada telefónica con el expresidente estadounidense Donald Trump. Este tipo de comunicación es profundamente inusual, pues se salta los canales diplomáticos formales entre las administraciones en funciones y sugiere la urgencia o la estrategia a largo plazo que maneja Beijing en su relación con Washington. Los temas centrales de la conversación, Ucrania y Taiwán, no hacen más que elevar la trascendencia de este contacto entre Trump Xi Jinping. Esta atípica maniobra diplomática ha sido interpretada como un claro intento de Xi Jinping de establecer las bases para una relación futura, proyectando una posible vuelta del magnate republicano al poder.
La decisión de Xi de eludir la Casa Blanca y dirigirse directamente a un líder que no está en ejercicio subraya una evaluación estratégica del panorama político estadounidense. El contexto de la llamada indica que el líder chino busca obtener una línea directa de entendimiento sobre temas fundamentales, anticipándose a posibles cambios en la política exterior de EE. UU. post-electoral. La relación entre Trump Xi Jinping durante el mandato anterior del estadounidense fue tensa, caracterizada por una guerra comercial agresiva y una retórica hostil, pero también por momentos de pragmatismo. La apertura de este canal ahora podría ser un esfuerzo por parte de China para fomentar una previsibilidad o, al menos, evitar los choques más abruptos si la política de “América Primero” regresa.
Uno de los puntos clave de la discusión fue Ucrania, un conflicto donde Beijing ha mantenido un delicado equilibrio diplomático, negándose a condenar la invasión rusa mientras aboga, en principio, por una “solución pacífica”. Al discutir Ucrania con Trump Xi Jinping, se abre una ventana para que China explore la futura postura de un posible gobierno republicano. Trump ha expresado públicamente escepticismo sobre el apoyo continuado a Kyiv y ha sugerido que podría resolver el conflicto rápidamente. Este escenario interesa a Xi, ya que cualquier cambio en la dinámica occidental respecto a Rusia tiene ramificaciones directas en la seguridad y las alianzas de China. Beijing podría estar sondeando si un futuro acercamiento con Moscú sería más viable bajo una administración Trump Xi Jinping.
Sin embargo, el tema más delicado y de mayor riesgo bilateral en la llamada fue, sin duda, Taiwán. China considera a Taiwán una provincia renegada que debe ser “reunificada” por cualquier medio, si es necesario, mientras que Estados Unidos mantiene una política de “una sola China” matizada por la Ley de Relaciones con Taiwán, suministrando armas defensivas a la isla. Taiwán representa la línea roja absoluta de Beijing y un punto de fricción constante. El interés de Xi en discutir Taiwán con Trump podría deberse a la necesidad de calibrar la seriedad de los compromisos de defensa de Estados Unidos y si un futuro gobierno de Trump Xi Jinping mantendría la ambigüedad estratégica o adoptaría una postura más dura o más flexible. El intercambio de ideas sobre este tema es vital para la planificación militar y diplomática china.
La inusual llamada, por su naturaleza, no solo busca influir o comprender al posible futuro líder de EE. UU., sino que también envía un mensaje a la actual administración y a los aliados de Estados Unidos en Asia. Al privilegiar a Trump, Xi Jinping devalúa implícitamente la autoridad diplomática del gobierno en ejercicio, sugiriendo que las decisiones importantes se toman en otros círculos. Esta es una táctica de presión que China ha utilizado en el pasado para dividir y conquistar en el frente occidental. La maniobra destaca la impaciencia de Beijing con la actual política estadounidense de contención y su deseo de reestructurar la relación bilateral a sus propios términos.
La situación interna en China también podría ser un factor determinante. El país enfrenta desafíos económicos significativos, y la estabilidad comercial es crucial para el Partido Comunista. Una relación menos confrontativa con Estados Unidos, especialmente en el ámbito comercial y arancelario, sería beneficiosa. Al contactar a Trump Xi Jinping, Xi podría estar buscando una señal de que las futuras negociaciones económicas serán más transaccionales y menos ideológicas, un enfoque que Donald Trump suele preferir. Esto le permitiría a Beijing concentrar sus recursos en la recuperación económica, asegurando la estabilidad interna, que es la prioridad máxima para Xi Jinping.
En resumen, la llamada telefónica entre Trump Xi Jinping no es un mero acto de cortesía, sino una jugada maestra de la diplomacia china. Al poner a prueba las aguas con el expresidente sobre los temas más espinosos —la seguridad de Ucrania y la soberanía de Taiwán—, Xi Jinping se posiciona estratégicamente para el futuro, buscando minimizar la incertidumbre en un panorama político global que se acerca a un punto de inflexión. Este evento subraya que, para Beijing, las líneas de comunicación con todos los actores de poder en Washington son esenciales para proteger sus intereses nacionales a largo plazo, independientemente de las convenciones diplomáticas.