La Conferencia de las Partes (COP30), que reunió a líderes mundiales en Belém, Brasil, ha finalizado con un acuerdo que, si bien establece ciertos avances en materia de financiación y adaptación, ha sido calificado por activistas y científicos como un “fracaso moral”. El texto final omite la cláusula clave que exigía el abandono gradual y explícito de los combustibles fósiles, el principal motor del calentamiento global.
La decisión de aprobar un documento tan diluido se tomó en medio de un silencio que rompió con la tradición de celebración en este tipo de cumbres. Diez años después de la firma del Acuerdo de París y un año después de que la temperatura media global superara el umbral crítico de 1.5 grados centígrados con respecto a la era preindustrial, la falta de compromiso para reducir la dependencia del petróleo, el gas y el carbón genera profundas críticas.
La Batalla de la Terminología: “Reducción” vs. “Abandono”
El punto de fricción en la COP30, que mantuvo a los negociadores al borde del colapso, fue la terminología utilizada para referirse a los hidrocarburos. La COP30 acuerdo fósiles final adoptó un lenguaje que apela a la “reducción” o “transición justa” de los combustibles fósiles, en lugar de utilizar la palabra “abandono” (phase-out) que era la exigencia mínima de la Unión Europea y las naciones insulares más vulnerables.
La resistencia provino principalmente de los grandes países productores de petróleo y gas, quienes argumentaron que una prohibición explícita sería inviable para sus economías y requeriría una transición de tiempo indefinido, financiada con capital de las naciones ricas. Esta postura diluyó la ambición del acuerdo, dejando la puerta abierta para que los países continúen explorando y explotando reservas de gas y petróleo a corto y mediano plazo.
El resultado es un consenso que prioriza la seguridad energética y los intereses económicos inmediatos de los países productores por encima de la supervivencia climática.
El Riesgo del Umbral de 1.5 °C
La científica de datos y clima ha sido clara: para tener alguna esperanza de evitar los peores efectos del cambio climático, el mundo debe limitar el aumento de la temperatura a 1.5 °C. La ONU y el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) habían advertido que, sin un abandono radical de los combustibles fósiles antes de 2040, el umbral se superaría de forma irreversible.

El hecho de que la COP30 acuerdo fósiles se celebre justo después de que el planeta haya superado brevemente el límite de 1.5 °C hace que la omisión en el texto sea vista como una traición al mandato de París. La falta de compromiso para detener la extracción y el uso del carbón, en particular, condena a la humanidad a un calentamiento catastrófico que implicará el aumento de eventos extremos, la subida del nivel del mar y la migración masiva por el clima.
El Silencio como Condena Global
La aprobación del texto “por sorpresa”, sin la habitual ovación que acompaña el cierre de estas cumbres, es el símbolo más poderoso del fracaso diplomático. El silencio reflejó la frustración de las naciones vulnerables y los activistas que han luchado incansablemente por un resultado más ambicioso.
La cumbre, que inicialmente se había planteado como una plataforma para revertir el rumbo de la crisis, terminó cediendo a las presiones de los grupos de interés y los Estados dependientes de los hidrocarburos. La COP30 acuerdo fósiles será recordado no por lo que logró, sino por lo que se negó a incluir, obligando a las naciones a buscar soluciones unilaterales o a esperar la próxima cumbre para retomar un debate que, según la ciencia, ya no tiene tiempo para más dilaciones.